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Digestión y realidad, ¿digieres tu vida?

Hace muchos años que empecé con los problemas digestivos. Recuerdo perfectamente cuando empezaron y, para ser más concretos, cuando se agudizaron. Tenía 15 años y me sentía muy deprimida. A esa edad era una adolescente introvertida, reservada, muy sensible y me guardaba solo para mí las cosas que me afectaban. Sufría mucho por las cosas que sucedían a mi alrededor y no tenía las herramientas emocionales ni mentales para sostenerlas o, al menos, digerirlas. Habían muchos acontecimientos en mi “entorno de seguridad”, en mi familia, que se desmoronaban y yo no podía controlar ni solucionar nada. El estómago y las ganas de vivir se cerraron y la Vida dejó de ser bonita. Me sentía entre la espada y la pared porque quería desaparecer pero no podía, y mantenerme viva con la realidad que tenía me superaba; no veía la salida y todo estaba muy oscuro, totalmente negro.

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Una de las herramientas / terapias a las que recurrí para sentirme mejor anímicamente fue la reflexología podal y las flores de Bach, a través de las cuales intentábamos poner un poco de serenidad a mi mundo interno. Pero lo que me sorprendió entonces es que no sólo mejoré un poco mi estado anímico, también empecé a tener más hambre y mejores digestiones. A pesar de mejorar un poco me quedaba un largo recorrido de sanación física y emocional, en el cual fui tomando conciencia de que mis buenas o malas digestiones van más allá de lo que como y están estrechamente relacionadas en como estoy digiriendo la realidad.

Por ejemplo, recuerdo hace unos años que justo antes de comer me llamaron para decirme que a un familiar mío le habían diagnosticado un cáncer y al forzarme a comer porque estaba en un restaurante con otra gente se me indigestó la comida. O hace unos meses también, mientras comía me dieron una mala noticia y al momento sentí como se me cerraba por completo el estómago y al poco rato tenía una fuerte descomposición.

De hecho, muchos de mis clientes -o todos- que tienen problemas digestivos mejoran cuando están de vacaciones de manera relajada, disfrutando del día a día y sin preocuparse. Tuve una clienta que sólo tenía malas digestiones cuando iba a comer a casa de sus suegros, en un entorno en el que ella se sentía cuestionada y a disgusto.

Evidentemente que mis digestiones han mejorado y son buenas gracias a comer de forma saludable, eliminando de mi dieta aquellos alimentos que no me sientan bien y haciendo combinaciones fáciles de digerir, pero sin duda también han mejorado porque he ido aprendiendo y cogiendo herramientas para gestionar mis emociones y rendirme, en el sentido más bonito, a la Vida, sin preocuparme por las cosas, aceptando los acontecimientos y amando la Vida incluso con sus dificultades. He aprendido que ya no hay nada que no tenga solución, que todo lo que nos ocurre es por algún motivo y que saber digerir y aceptar aquello que la Vida ha decidido para nosotros es igual o más importante para tener buenas digestiones que comer o no comer ciertos alimentos. Y ahora recuerdo que cuando empecé con la alimentación Detox SEN (Saludable, Energética y Nutritiva) y empecé a sentir los beneficios de las buenas digestiones la psicóloga me dijo que no era por la alimentación sino por el trabajo emocional que habíamos hecho. Y sinceramente, no creo que exista una cosa separada de la otra, todo forma parte de un mismo momento y todo va sincronizado.

Y tú, ¿cómo has aprendido a digerir tu Vida?

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