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La economía del bien común

Nosotros, al igual que mucha gente, ante la situación social y económica de crisis en la que nos encontramos, nos preguntamos hace tiempo si existen otros puntos de vista que nos puedan iluminar en el camino hacia un mundo mejor para todxs. Desde Conasi, queremos apoyar el cambio social en el que creemos. Nuestra aportación ha sido siempre desde el campo de la salud y la alimentación, mediante la difusión de un estilo de vida saludable y colaborativo con otros agentes de cambio. Queremos ir un poco más allá y dar voz también a aspectos de nuestra “salud social”.

Portada de la Economía del bien común, de Christian Felber
Libro de Christian Felber

Nuestra visión pretende ser holística, es decir, que no se restrinja al binomio enfermedad-curación, sino que intentamos tener en cuenta todos los aspectos que rodean la situación de salud de una persona. Desde su alimentación, hasta su estado anímico, su desarrollo personal y espiritual, la situación social, medioambiental y económica en la que vive… todas ellas contribuyen a una buena (o mala) salud. Todos estos temas nos preocupan.

Este pasado verano asistimos a un encuentro inolvidable celebrado del día 21 al 24 de junio del 2014 en Castellnou de Bages llamado Semillas para el Cambio, al amparo de la montaña de Montserrat. Entre otros, se planteó el tema de la posibilidad de otro modelo económico. Allí participó el autor del libro “La Economía del Bien Común”, Christian Felber, donde expuso lo que, para él, debería ser un modelo de relaciones económicas diferentes.

Un modelo que no funciona

Normalmente se polarizan las visiones económicas entre modelos de “capitalismo de mercado” y modelos de organización estatal de la economía o “comunismo”. Felber apuesta por otro modelo distinto.

El modelo actual y global (salvo pocas excepciones), el capitalismo de mercado, asume tres principios que prácticamente nadie cuestiona: 1) que es necesario un crecimiento sostenido (infinito) para satisfacer las necesidades humanas; 2) que el comportamiento de las empresas tiende al mayor beneficio en el menor plazo de tiempo posible, y 3) la competencia (entre personas, empresas, gobiernos, países) es el valor que permite que los recursos estén bien asignados según las necesidades. En el primer caso, ese principio choca con los límites físicos, materiales, del planeta. No es posible crecer infinitamente en un planeta finito. En el segundo caso, se da la paradoja de que para conseguir el máximo beneficio, el trabajo en una empresa es considerado “un gasto” y lo que intentan las empresas es reducir costes reduciéndolo (o automatizándolo o “externalizándolo”: marchándose a otros países donde la mano de obra es más barata); mientras que los trabajadores viven el trabajo no como una actividad enriquecedora y de desarrollo personal sino como un medio para conseguir un salario: es “un sacrificio”. La situación ideal, según este modelo sería, pues, para el empresario no necesitar trabajadores para producir y para los trabajadores no tener que trabajar para obtener un salario.

Este modelo claramente, no funciona.

un modelo de economia
Economía del bien común

El bien común, otro enfoque

Sin embargo, Christian Felber, propone otro modelo basado en unos principios diferentes. La economía debería dirigirse no hacia un crecimiento sostenido (de producción y consumo) sino a la satisfacción de las necesidades a través del “bien común”. Éstos se resumen, de manera sucinta, en:

  1. Valores humanos: confianza, cooperación, aprecio, co-determinación, solidaridad, y acción de compartir.
  2. Cambio de la competencia a la cooperación: el éxito de la empresa cambia del beneficio financiero a la contribución al bien común.
  3. El bien común se decide de forma participativa, pasa a una asamblea elegida democráticamente y es escrito en una constitución por referéndum.
  4. El balance empresarial ya no se mide monetariamente. Se establece el “balance del bien común”: mide rendimientos sociales, ecológicos, democráticos y de justicia distributiva, cuyo conjunto constituye el nuevo sentido de “éxito empresarial”. Las empresas con mejores balances obtienen ventajas legales y fiscales.
  5. Como el beneficio financiero ya no es un fin en sí mismo, el tamaño de las empresas no estará sobredimensionado por tener que crecer para no dejarse “devorar” por otras.
  6. Se limitan las desigualdades en las rentas y en la propiedad. Por ejemplo, la renta máxima no podrá ser 20 veces mayor que la renta mínima; la propiedad privada no puede exceder de 10 millones de euros; etc.
  7. La propiedad de las empresas, según sea su tamaño, pasa parcial o totalmente a manos de lxs empleadxs y lxs ciudadanxs. Lxs ciudadanxs serán representados por delegadxs, directamente elegidos en parlamentos económicos regionales.
  8. Se establecen los “bienes democráticos”, controlados por la ciudadanía soberana, no los gobiernos: escuelas, universidades, hospitales, empresas de abastecimiento de agua y energía, telecomunicación, transporte público o bancas: la infraestructura básica. El “banco democrático” es clave: sirve al bien común y es controlado por la ciudadanía soberana, no los gobiernos. Servicios: depósitos garantizados, créditos de interés reducido y cuentas corrientes gratuitas.
  9. La democracia representativa será complementada por la democracia participativa y directa.
  10. Nuevo sistema educativo donde no se promuevan los valores, como diría Máximo Sandín, socialdarwinistas (la competencia entre especies –e individuos- determina su supervivencia) y capitalistas. Se proponen nuevas asignaturas: emocionología, ética, comunicación, educación democrática y experiencia de la naturaleza.
  11. Como el éxito empresarial será diferente, las competencias de gestión serán las de las personas más responsables, sociables, empáticas y capaces de atender al bien de todxs y de la comunidad ecológica. 

Una sociedad organizada entorno al “bien común” sería más saludable para las personas, se promovería más la salud y menos la curación de la enfermedad (que requiere más medicamentos y alimenta a la industria farmacéutica): la cooperación, la alimentación sana, el ejercicio físico, el desarrollo personal, emocional y espiritual serían prioridades ante el consumo patológico y las relaciones humanas competitivas.

Ya existen experiencias en todo el mundo y también en España de empresas que se están adhiriendo al “balance del bien común”. Ya no es solo una teoría, cada vez más empresas y ciudadanos están participando en esta iniciativa desarrollada por Christian Felber. Si quieres tener más información sobre los proyectos que se están llevando a cabo en España puedes entrar aquí: http://economia-del-bien-comun.org/es

Web de Economía del bien común
Web para España – Economía del bien común

Y un toque de humor:

viñeta-humor
Un toque de humor

 

Un comentario en “La economía del bien común

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