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Mejorando mi sistema inmune con el deporte en casos de enfermedad

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La doctora Malagón nos explica cómo en cualquier enfermedad crónica se genera un círculo vicioso: la inactividad, la fatiga debida a la enfermedad y los tratamientos, llevan al tejido muscular a remodelarse hacia fibra muy ineficiente; esto se traduce en atrofia muscular y disminución de la capacidad funcional, la cual limita la actividad dando lugar a un mayor desacondicionamiento muscular que a su vez será causante de una mayor inactividad, que a larga origina más fatiga… Para romper el círculo, la propuesta incluye practicar ejercicio con regularidad. Y es que este actúa como anti estresante, porque modula la respuesta hormonal; es capaz de inducir un descenso en los niveles de catecolaminas y de cortisol que, elevados por el estrés, bloquean al sistema inmune. Además, el ejercicio altera la distribución, el tráfico y las capacidades funcionales de los distintos tipos de células inmunes. También modifican la cantidad de las inmunoglobulinas en la sangre. Esto tendrá rápida traducción en nuestro estado de salud… ¿Descubrimos cómo se relaciona la enfermedad con la atrofia muscular y cómo puede mejorar nuestro sistema inmune el deporte?

Ejercicio y enfermedad: rompiendo el círculo vicioso

Músculos, fibras,… ¿Qué tengo que saber?

Prestamos atención especial a nuestros músculos porque nos dan la capacidad de movernos. Nuestros músculos se componen de 2 tipos de fibras musculares que nos permiten realizar las actividades de la vida diaria. Las fibras de tipo I o de contracción lenta, son pequeñas, muy rojas (por su alto contenido en mioglobina), especialistas en generar energía en presencia de oxígeno porque tienen muchas mitocondrias y son muy resistentes a la fatiga. Las fibras tipo II son de contracción rápida; son más grandes que las tipo I, de color blanco, y utilizan para funcionar  la glucosa de la sangre y el glucógeno de los músculos, por lo que trabajan muy bien en actividades de fuerza y anaeróbicas (levantar pesas, un salto, o un lanzamiento de jabalina). Estas fibras rápidas son de dos tipos:

Partes del músculo esquelético
Partes del músculo

Fibras IIa (usan para trabajar glucosa y glucógeno muscular, pero como tienen muchas mitocondrias también pueden usar el oxígeno). Se usan en movimientos rápidos, repetitivos y de poca intensidad. Las fibras IIb, con poca mioglobina (usan poco el oxígeno) pero gran capacidad glucolítica (usar glucosa y glucógeno) y se usan sólo en esfuerzo muy rápido y muy intenso, como en halterofilia, lanzamientos, o saltos máximos.

En las extremidades inferiores y en los músculos encargados de mantener la postura, las fibras de tipo I son las más numerosas, pues necesitamos que se  fatiguen poco. En las extremidades superiores (por ejemplo el triceps), el porcentaje de fibras rápidas II, es mayor.

Aunque la distribución de los tipos de fibras depende en gran medida de la genética del individuo, trabajarlas puede inducir cambios. Así, en una persona sedentaria de mediana edad, el porcentaje de fibras tipo I es de un 45-55% (en mujeres algo más). Los velocistas suelen tener más fibras tipo II o de contracción rápida en las piernas, y los deportistas de fondo más fibras tipo I o lentas. Parece que el entrenamiento y el tipo de deporte pueden modificar el desarrollo de las fibras musculares y variar el porcentaje de sus tipos además de mejorar la fuerza y la resistencia muscular (1).

Control neural de las fibras

Para producir el movimiento, necesitamos que el sistema nervioso active las fibras musculares participando de la unidad motora (nervio motor y fibras musculares que inerva). En general, cuantas más unidades motoras se recluten (participen) y más grandes sean éstas, mayor será la  fuerza y potencia muscular que se obtenga.

Así sufren mis músculos en la enfermedad e inactividad

Lo dicho hasta ahora tiene especial importancia por cómo se afecta el músculo ante determinadas situaciones como el sedentarismo y las enfermedades. Por su frecuente presentación y la capacidad rehabilitadora que el ejercicio tiene para mejorarlas, hablaremos de tres afecciones: Sarcopenia, Caquexia y Disfunción Muscular Esquelética (DME).

  • La Sarcopenia es la pérdida y alteración del músculo esquelético asociado al envejecimiento, sedentarismo y las enfermedades crónicas.  Existe tanto pérdida de músculo como alteración de su función y esto provoca anomalías metabólicas y endocrinas con repercusión en el metabolismo global y la respuesta inmunitaria/ inflamatoria. El peso de la persona puede no variar (como ocurre en la artritis reumatoide, en pacientes con cáncer de mama tratadas con quimioterapia adyuvante y en la mayoría de los pacientes con EPOC o enfermedad renal crónica). En estas enfermedades, la sarcopenia es un factor pronóstico importante para morbilidad y mortalidad, independientemente del peso. La inactividad, la inflamación, la anorexia y las dietas no equilibradas también provocan cambios en el músculo esquelético. La regulación del apetito y la actividad física afectan al equilibrio energético y a la grasa corporal. La inactividad contribuye a la sarcopenia y aumenta el tejido graso. 
  • Caquexia es un estado de un estado de extrema desnutrición, atrofia muscular, fatiga, debilidad y anorexia en personas que no están tratando de perder peso activamente. Se puede observar en pacientes con cáncer, insuficiencia cardíaca crónica (2), cirrosis hepática y enfermedades inflamatorias. Tanto el ejercicio como la nutrición adecuada puede ser muy útil para prevenir su aparición.
  • DME(3) es el  fracaso en la función contráctil, así que la fuerza y/o la resistencia de un músculo están disminuidas. Pero también se pierden masa muscular y proteínas musculares. Esto se traduce en aparición de fatiga (el mal funcionamiento muscular  es temporal y desaparece con el reposo)  y  debilidad muscular (es duradero y no mejora con el descanso). Las consecuencias de la DME son limitación de la capacidad para el ejercicio y la calidad de vida. Los enfermos con EPOC, cáncer o insuficiencia cardíaca avanzada la presentan con frecuencia, además de pérdida de peso (por pérdida de reserva grasa y de masa muscular). La DME  tiene valor pronóstico sobre la enfermedad, pero puede mejorar en buena medida mediante una terapéutica adecuada que incluya el ejercicio físico.

En el músculo sano, la combinación adecuada de ejercicio (estimula la síntesis de factores de crecimiento), alimentación (sustancias anabólicas), control hormonal (regulación de la expresión de proteínas musculares) y aporte de oxígeno (ATP, energía para la contracción y crecimiento muscular) supone proliferación y crecimiento de fibras musculares, desarrollo del músculo.
Los estudios demuestran que la inactividad produce efectos adversos sobre todos los sistemas; sobre el sistema muscular destacan la pérdida de proteínas musculares, la pérdida selectiva de fibras tipo I y la remodelación muscular hacia fibra rápida tipo IIx. Esto ocurre en la mayoría de los cánceres y las enfermedades crónicas. En estas enfermedades se describe un círculo vicioso: la inactividad, la fatiga debida a la enfermedad y los tratamientos, llevan al tejido  muscular a remodelarse hacia fibra muy ineficiente; esto se traduce en atrofia muscular y disminución de la capacidad funcional, la cual limita la actividad dando lugar a un mayor desacondicionamiento muscular que a su vez será causante de una mayor inactividad, que a larga origina más fatiga(4).

El ejercicio físico programado, estructurado y ajustado a cada situación personal, puede ayudar a mejorar la calidad de vida en las enfermedades crónicas rompiendo ese círculo. Además, hacer deporte es un factor protector y previene el desarrollo de múltiples enfermedades. Son buenas razones para empezar a movernos, ¿no crees?.

“En los deportes, prever lo que puede ocurrir es casi tan importante como lo que realmente ocurre”

                                                                                                                 Bob Costas, periodista deportivo.

Mejorando el sistema inmune con el deporte

Así trabaja el deporte

El sistema muscular ejecuta las órdenes motoras que le dicta el sistema nervioso central (SNC), pero necesita de otros sistemas que den energía al tejido muscular para mantener el movimiento. Así, el sistema cardiovascular aumentará la frecuencia cardíaca, la presión arterial y las demandas miocárdicas de oxígeno. Cómo trabaja el sistema cardiovascular mientras realizamos una actividad físicaA su vez, todo esto está influido por la activación del sistema endocrino que libera a la sangre múltiples hormonas de estrés tales como catecolaminas (adrenalina y noradrenalina), beta endorfina, hormona del crecimiento (GH), ACTH y cortisol, y provoca una ligera disminución en la concentración de insulina. El sistema endocrino, equilibra el anabolismo y catabolismo, por lo que es esencial en el entrenamiento; por ejemplo, el desarrollo muscular ocurre gracias a la secreción del factor de crecimiento similar a la insulina 1 (IGF-1). Pero además, la hormona de crecimiento estimula la secreción de la IL-12 (interleucina 12) que facilita la activación de las células inmunocompetentes y el proceso de maduración de linfocitos en el timo (la principal fuente de estas células).

Cuando el sistema neuroendocrino (Sistema endocrino y SNC) está activado acelera los reflejos motores, aumenta la atención y la función cognitiva, disminuye el apetito y la actividad sexual, puede inhibir la inflamación mediada por el sistema inmune e induce cambios en la función cardiovascular.

El ejercicio practicado con regularidad actúa como anti estresante porque modula esta respuesta hormonal; es capaz de inducir un descenso en los niveles de catecolaminas y de cortisol que, elevados por el estrés, bloquean al sistema inmune.

El deporte y su influencia sobre la inmunidad

El ejercicio altera la distribución, el tráfico y las capacidades funcionales de los distintos tipos de células inmunes. También modifican la cantidad de las inmunoglobulinas en la sangre. 

La  mejora del sistema inmune ocurre mediante interacciones entre el sistema nervioso central, el endocrino y el mismo sistema inmune. Los tres sistemas trabajan juntos para responder al estrés (bueno) que origina la actividad física (1). El sistema nervioso actúa gracias a la inervación simpática de la corteza suprarrenal y los ganglios, y a la liberación de sustancias (neurotransmisores y neuropéptidos); el endocrino lo hace liberando las hormonas de estrés producidas por la estimulación del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal; y el sistema inmune participa produciendo mediadores inmunológicos o citoquinas que a su vez modulan las respuestas del sistema neuroendocrino. Los tres sistemas interactúan entre si y son influidos por la práctica de ejercicio físico.

Cómo influye el deporte en nuestro sistema endocrino, nervioso e inmune
Así influye el deporte en nosotros

Los mensajeros del sistema inmune

Hay unas sustancias especialmente involucradas en la comunicación del sistema inmune con el resto del organismo: Las citoquinas (2).

Las citoquinas son proteínas y péptidos que modulan la respuesta inflamatoria e inmune y además tienen la capacidad de modificar las respuestas del sistema neuroendocrino. Por ejemplo, facilitan el aflujo de linfocitos, neutrófilos, monocitos y otras células que participan en las situaciones de infecciones o inflamación a los lugares en donde radica el problema. Se sabe además que el ejercicio causa cierto daño del tejido muscular, lo que puede desencadenar una respuesta de fase aguda inflamatoria y esto es también liberador de citoquinas. De modo que no todos los efectos del ejercicio en algunas funciones celulares del sistema inmune son mediados exclusivamente por las elevaciones en las hormonas neuroendocrinas que ya hemos visto.

Existe un equilibrio entre la intensidad y duración del ejercicio y el impacto que esto genera sobre el sistema inmune; eso se debe al tipo de citoquinas que se libera. Así, durante el estrés físico que se produce en el ejercicio prolongado e intenso, la liberación de glucocorticoides y catecolaminas (hormonas de estrés), pueden alcanzar niveles altos que se relacionen con la producción de citoquinas proinflamatorias particularmente el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α) y las interleuquinas 1 y 6 (IL-1, IL-6). Estas citoquinas mantenidas en el tiempo pueden tener efectos contraproducentes en nuestra inmunidad.

Cambios relevantes

Los macrófagos: los estudios demuestran que el número de macrófagos, al igual que el de linfocitos circulantes, se incrementan transitoriamente (50-100%) tras el ejercicio agudo. Aumentan su función de fagocitosis (capacidad de “comerse las partículas o células dañinas) y  la actividad antitumoral.

Tipos de glóbulos blancosLeucocitos: El ejercicio provoca una leucocitosis (aumento de leucocitos) más pronunciado en respuesta a ejercicios máximos y más acusada en personas sin entrenar. Los leucocitos  pueden aumentar hasta cuatro veces y puede mantenerse hasta 24 horas después del ejercicio. De los tipos de linfocitos, los que más aumentan son los neutrófilos, que además mejoran su capacidad microbicida. También aumentan los monocitos y linfocitos, especialmente linfocitos B y células NK. Si el ejercicio es muy intenso y duradero produce una disminución de los linfocitos, pero que puede normalizarse en el reposo.

Las células NK (Natural Killer) aumentan tras ejercicio en número y actividad. Esto ocurre sobre todo tras ejercicio de intensidad moderada y de corta duración (no más de una hora). Las NK pueden disminuir de forma intensa durante el ejercicio extremo.

Las inmunoglobulinas pueden aumentar sus valores hasta un 20% con ejercicio moderado (45 minutos de andar a paso vivo, 5 días por semana, 15 semanas), pero estudios apuntan a la disminución significativa de IgA en suero y saliva cuando los entrenamientos son intensos y largos, haciéndonos más vulnerables ante infecciones respiratorias (3).

Claves para recordar sobre la práctica del deporte:

  • Las respuestas del sistema inmune a la actividad física disminuyen con el entrenamiento, porque como dijimos anteriormente, el cuerpo ha aprendido a adaptarse y segrega menos catecolaminas en respuesta al ejercicio. Por eso nos ayuda a manejar el estrés físico.
  • Cuando el ejercicio es moderado puede potenciar la función inmune, pero el ejercicio extremo (intenso y de larga duración) puede suprimirla e incrementar la susceptibilidad a infecciones. En la alta competición profesional, sin la supervisión adecuada, puede existir disminución del rendimiento, fatiga, pérdida de peso y ánimo alterado como en un síndrome de respuesta inflamatoria sistémica. La inmunosupresión producida por ejercicios extremos es similar a la generada por el estrés físico severo como las situaciones de cirugía, traumatismos y  quemaduras.

Para acabar, añadimos otro punto de curiosidad: que el deporte juega un papel importante en el estado de nuestra inmunidad es un hecho comprobado… pero adelantamos que la inmunidad está relacionada con nuestro tracto gastrointestinal, y por supuesto, con la nutrición. ¡Espero que la curiosidad se satisfaga en el siguiente post!

El Ataque gana partidos, La defensa campeonatos. (Chuck Daily).

Bibliografía

  1. Chicharro JL, Fernandez Vaquero A. Fisiología del ejercicio. 3ª edición. Ed. Panamericana, Madrid, 2008.
  2.  Boraita Pérez A (coordinadora), Baño Rodrigo A, Berrazueta Fernández JR,Lamiel Alcaine R,Luengo Fernández E, Manonelles Marqueta P,  et al. Guías de práctica clínica de la sociedad española de cardiología sobre la actividad física en el cardiópata. Rev Esp Cardiol2000; 53: 684-726. [serie en internet] [citado el 1 marzo 2015] Documento descargado de https://www.revespcardiol.org/ el 30/08/2014
  3. Agustí AGN, SauledaJ, MorláM,  MirallesC, BusquetsX. Disfunción muscular esquelética de la EPOC. Mecanismos celulares. Arch Bronconeumol. 2001;37:197-205. – Vol. 37 Núm.04. [serie en internet] [citado el 1 marzo 2015 ]
  4. Lucía Mulas A. Beneficios del ejercicio físico para enfermos de cáncer. X Jornadas sobre medicina y deporte de alto nivel. 10ª conferencia.
  5. Ball D. Metabolic and endocrine response to exercise: sympathoadrenal integration with skeletal muscle. J Endocrinol. 2015 Feb;224(2):R79-95. doi: 10.1530/JOE-14-0408. Epub 2014 Nov 27.
  6. Aguilar LondoñoC, Zuluaga ZapataN,  Patiño GrajalesPJ, Caraballo Gracia D. Ejercicio y sistema inmune. Iatreia vol.19 no.2 Apr./June 2006 [serie en internet] [citado el 1 marzo de 2015] Documento descargado de http://www.scielo.org.co/scielo.php?pid=S012107932006000200007&script=sci_arttex
  7. Shephard RJ, Astrand PO. En: Efectos del ejercicio de resitencia. Aspectos clínicos del entrenamiento. Compilador: Shephard RJ, Astrand PO. La resistencia en el deporte. Barcelona. Paidotribo. 2007. P. 528-546

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2 comentarios en “Mejorando mi sistema inmune con el deporte en casos de enfermedad

  1. Curso online Manipulador de Alimentos dice:

    Así estoy yo…como una pera!!!
    No podría imaginar mi vida sin deporte.
    Felicidades por el blog!

    Responder
  2. jorge testarmata dice:

    Muy buen articulo. No hay olvidar que el sistema inmune depende tambien y tanto que es fundamental si los alimentos son crudos (frutas, vegetales, futos secos, y fermentados probioticos). los alimentos cocidos producen leucocitosis digestiva (Dr Paul Kouchakof, Premio nobel de medicina).
    Muchas Gracias y Saludos de Argentina.

    Responder

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