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Intolerancia o alergia: no es lo mismo

La intolerancia es un problema digestivo.  En el caso que nos ocupa, la leche de vaca,  se produce porque en el intestino falta una enzima que impide la correcta digestión de los azúcares de la leche. O sea, falta la enzima lactasa y no se digiere bien la lactosa.

La alergia es una reacción inadecuada y exagerada del sistema de defensas (también llamado sistema inmunitario) contra algo que en otras ocasiones toleraba. La cuestión es ¿por qué nos volvemos alérgicos a algo que antes tolerábamos? Y ¿por qué unas personas son alérgicas a lo que otras personas toleran? Pues bien, NO SE SABE. (Sí se conocen factores relacionados con el desarrollo de las alergias. Ver anexo* al final).

Las alergias se producen contra proteínas que entran en nuestro cuerpo. Estamos en contacto con muchas proteínas diferentes, por medios distintos: por vía digestiva (alimentos, fármacos, colorantes, conservantes…), por vía respiratoria (cualquier partícula en suspensión en el aire: pólenes, polvo, ácaros…), por contacto (látex, la pelusa del melocotón, metales, pinturas…), directamente a la sangre (fármacos inyectados, venenos de insectos…). La alergia da síntomas allá donde se libra la batalla. La cuestión es que la leche está implicada en alergias de todo tipo, no sólo digestivas (en la piel, respiratorias…).

Imagen de vaca bañándose en un vaso de leche fresca

Hidratos de carbono: intolerancia a la lactosa

Para digerir los alimentos,  el tubo digestivo tiene que descomponerlos en sus partes más pequeñas. Sólo así pueden ser absorbidos a la sangre, para que se distribuyan a todas las células del cuerpo y ellas puedan utilizarlos.
Las piezas más pequeñas que forman los hidratos de carbono son los monosacáridos, éstos son los que pueden pasar a la sangre. Cuando entra la lactosa en el estómago debe dividirse en glucosa + galactosa, que son los monosacáridos que la forman. Para hacer esta división o hidrólisis hace falta la enzima llamada lactasa.

La lactasa la segregamos desde que nacemos hasta los dos o tres años de edad. Después va disminuyendo progresivamente hasta desaparecer, aunque el 85% de los adultos que siguen tomando leche continúan segregándola, en mayor o menor medida, como respuesta a la ingesta de leche. Es una de las razones con las que nuestro organismo nos confirma que la lactancia es sólo para el inicio de la vida.
La insuficiencia de lactasa es la razón por la que la digestión de la leche es lenta y limitada para muchas personas, y a veces imposible. La lactosa sin desdoblar pasa al colon (ya que al no estar hidrolizada en monosacáridos no puede pasar a la sangre). Las bacterias del colon la fermentan produciendo ácido láctico, dióxido de carbono, metano, es decir, gases (inflamación, flatulencia) incluso diarreas por cuestiones de hiperosmolaridad. También produce estreñimiento. Los síntomas son más importantes cuanto mayor sea la intolerancia.

En lactantes la intolerancia a la lactosa es un hecho verdaderamente excepcional, pero en los adultos es con diferencia la principal anomalía enzimática que se padece. Es propia de alrededor del 75% en todos los grupos étnicos, a excepción del noroeste de Europa, en que la incidencia es de menos del 20%, y en grupos étnicos que siempre han tomado leche, como los masais y los mongoles.

*Anexo

Factores relacionados con las alergias

Diversos e inespecíficos factores influyen en que el sistema inmunitario responda de forma incorrecta y:

  • Ciertas proteínas son conflictivas para nuestra digestión y aunque no produzcan alergias dan lugar a un conflicto permanente en el sistema inmunológico para eliminarlas, con la consiguiente sobrecarga.
  • La introducción sistemática y temprana de los cereales en la alimentación en la década de los 60, siendo las proteínas de los cereales muy alergénicas (el gluten es la segunda proteína con más capacidad alergénica, después de las proteínas de la leche de vaca). Esto puede haber propiciado la sensibilización.
  • La exposición a gran cantidad de productos químicos para la conservación y elaboración de los alimentos: colorantes, conservantes (como los derivados de los sulfitos), extractos de levaduras, contaminantes ambientales,  parásitos (por ejemplo, el anisakis simple del pescado).  Y la exposición a productos químicos empleados en productos para la higiene, limpieza, tratamientos de muebles, metales en pinturas…¡en todo lo que nos rodea! No lo tenemos en cuenta por lo habitual que ya se ha convertido en nuestro mundo, pero supone un estímulo desorbitado para nuestro sistema de desintoxicación y defensas, que criba absolutamente todo lo que entra en nuestro permeable organismo.
  • Alimentos transgénicos.
  • La ingesta de alimentos exóticos que introducen sustancias a las que nunca hemos estado expuestos (así ocurre con los cacahuetes que están en nuestra dieta desde hace sólo 50 años, con el kiwi, nueces de Brasil, grosellas, mango, papaya…).
  • La existencia de alguna intolerancia alimentaria predispone a las alergias, ya que al no digerirse bien algunas proteínas pueden pasar a la sangre sin estar bien descompuestas y causar reacción alérgica.
  • La mucosa intestinal:  este es un tema importantísimo y apenas tenido en cuenta.
  • La disminución o anulación del período de lactancia materna, el cual es imprescindible para la correcta maduración de la inmunidad.
  • La exposición a las proteínas de la leche de vaca, las de mayor capacidad alergénica para el sistema inmune del hombre.
  • La reacción inmunitaria ligada al grupo sanguíneo.
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2 comentarios en “Intolerancia o alergia: no es lo mismo

    1. Gracias a ti Marian. Si, realmente el tema de lo que es una intolerancia no está muy claro, parece que una alergia si todo el mundo sabe mejor de qué se trata.
      Si tenéis sugerencias para hacernos, estamos encantados!! Un saludo.

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