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Ácidos grasos poliinsaturados omega 6 y omega 3

Como se vió en Grasas o lípidos: una extensa familia que te interesa conocer y en Ácidos grasos, conviértelos en aliados de tu salud, existen dos tipos de AGPIs que deben ser aportados diariamente a través de la dieta porque nuestro cuerpo no los sintetiza: el ácido linoleico (AL) (ω-6) y el ácido alfa-linolénico (ALN) (ω-3). Éstos a su vez, se transforman en otros ácidos grasos de cadena larga, que abordaremos más adelante.

Aunque algunas de las funciones de las grasas en general ya se han comentado, a los AGPIs en particular, se les atribuyen otras propiedades interesantes.

No está de más por tanto reiterar el destacable papel que presentan como elementos estructurales de las membranas celulares en las cuales sirven como controladores de su fluidez y permeabilidad, cualidad que resulta decisiva para el intercambio de sustancias entre las mismas y el medio extra e intra celular. ¿Podemos imaginar cómo afectaría la carencia de este tipo de ácidos grasos a las membranas de nuestras células? Efectivamente, ¡serían más rígidas! Y como consecuencia, derivaría en desnutrición y toxicidad para la célula debido a la dificultad de la misma para aprovechar los nutrientes, así como para eliminar los productos de desecho.

Es reseñable también su contribución en el crecimiento de los tejidos y el desarrollo del sistema nervioso central, colaborando además en la formación de las fundas de mielina que protegen los nervios. En el caso de la mujer embarazada, niveles adecuados especialmente de DHA, se relacionan con un mejor desarrollo cerebral fetal y cognoscitivo del recién nacido, así como con la maduración óptima de la función visual y cortical. También se han relacionado positivamente con la circunferencia de la cabeza, peso y estatura al nacer.

Omega 6, ácidos grasos saludables

Consecuencias del déficit de ácidos grasos poliinsaturados

Hay numerosos estudios que relacionan la carencia o desequilibrio de AGPIs con diversos desórdenes.

En el caso del ácido linoleico (AL, ω-6), se le ha relacionado con alteraciones dérmicas (eczema), hepáticas, renales, del sistema nervioso central, función inmunológica, pérdida de cabello, disminución de la capacidad reproductiva (esterilidad en hombres y aborto en mujeres), enfermedad cardiovascular, retardo del crecimiento, fallos en la función de las glándulas, desórdenes óseos y coyunturales. Algunas de estas alteraciones se han hallado en pacientes sometidos a alimentación parenteral (vía intravenosa) durante largo tiempo, en donde el AL era escaso en las soluciones administradas.

Respecto al ácido alfa-linolénico (ALN, ω-3), su deficiencia suele provocar hipertrigliceridemia, hipertensión, desórdenes cutáneos (sequedad de la piel), edema, deterioro de la función mental, tendencia a formar coágulos sanguíneos debido a adherencia plaquetaria, inflamación de tejidos, función inmunológica alterada, tendencia a la reducción de la tasa metabólica del organismo.

Su consumo por tanto, resulta beneficioso para el control de éstas y otras patologías tales como las cardiovasculares, diabetes no insulinodependiente, obesidad, esteatosis hepática o cáncer, entre muchas otras.

Conversión de las series Omega

Respecto de la conversión de los AGPIs, tanto el ácido linoleico (AL, ω-6) como el alfa-linolénico (ALN, ω-3) son precursores de otros ÁGPIs de cadena larga (más de 20 carbonos), interesantes para la salud como Ácido Dihomogamma-linolénico (DGLA), Ácido Araquidónico (AA), Ácido eicosapentaenoico (EPA) y Ácido Docosahexaenoico (DHA), los cuales a su vez también son precursores de sustancias conocidas como eicosanoides, que engloban a prostaglandinas (PG) tromboxanos (TXA) y leucotrienos (LT), de los que hay varias series con efectos diferentes que interesa conocer. Veamos de dónde se deriva cada cual:

  • DGLA: de este tipo de ácido graso, se derivan PG, TXA y LTB de la serie 1, con acción antiinflamatoria, anticoagulante y antivasoconstrictora respectivamente. Por tanto, son eicosanoides positivos para la salud.
  • AA: se derivan PG de la serie 2 y TXA y LTB de la serie 4, con efectos inflamatorios, procoagulantes y vasoconstrictores. El exceso de estos eicosanoides es perjudicial para la salud, ya que favorecen el desarrollo progresivo de trastornos cardiovasculares, inmunológicos, desequilibrios hormonales y metabólicos.  Aunque hay que puntualizar que tampoco es adecuado tener niveles muy bajos, ya que nuestro organismo necesita del proceso inflamatorio para luchar contra las agresiones  internas.
  • EPA: se derivan PG de la serie 3 y TXA y LTB de la serie 5, también con acción antiinflamatoria, anticoagulante y antivasoconstrictora.

Se concluye pues que es de gran importancia metabólica que exista un equilibrio entre la síntesis de estos tres ácidos grasos, para evitar el predominio de las PGE2 en detrimento de las PGE1 o PGE3.

Para que estas conversiones tengan lugar, se deben dar en el organismo las condiciones necesarias, que incluyen la presencia de determinados elementos entre los cuales se encuentran enzimas específicas, que a su vez requieren de sustancias tales como vitaminas, minerales y oligoelementos concretos.

Sin embargo, también hay que tener en cuenta que la capacidad del organismo para que se produzcan estas conversiones puede verse limitada debido a diversas circunstancias. Especialmente, en lo que respecta a la primera enzima implicada en el proceso de conversión, la delta-6-desaturasa (D-6-D), puede verse inhibida por diversos factores como:

  • La edad (ser mayor de 40 años).
  • Dieta rica en carbohidratos así como también en grasas, sobre todo saturadas y/o en colesterol. ¡Ojo por tanto al hecho de ingerir de manera simultánea grasas saturadas y poliinsaturadas, ya que la conversión de las segundas podría verse inhibida por la presencia de las primeras!
  • Consumo de ácidos grasos trans.
  • Bebidas alcohólicas y/o cafeína.
  • Determinadas enfermedades como por ejemplo la diabetes o niveles altos de insulina.
  • Exceso de cobre o deficiencias de magnesio, zinc, vitaminas B3, B6 y C.

En cuanto al ácido alfa-linolénico, algunos autores sostienen que solo se produce una conversión en EPA y DHA del 2 al 10%, aunque otros apuntan a un 16% en hombres y un 36% en mujeres.

En el siguiente cuadro, se puede ver un resumen gráfico de buena parte de lo argumentado, que hace más fácil la comprensión y en el que además aparecen los principales alimentos que contienen AGPIs de las dos series que nos ocupan.

Esquema de los ácidos grasos poliinsaturados

En el próximo post hablaremos más sobre los omegas:  Balance entre omega 6 y 3 y Ácidos grasos y dietas vegetarianas.

Un artículo de Isabel Cruz, Nutrición y Naturopatía

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